Tracts_teando

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- Escrito por: P. Pedro, C.O.
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Todos hemos experimentado alegría alguna vez, recordamos con ilusión los momentos más alegres que hemos vivido y, a veces, hasta intentamos "enlatar" en nuestras cámaras esas experiencias, lamentando que escapen y no vuelvan más; eso demuestra que no nos conformamos con alegrías pasajeras, parece que nuestro corazón presiente que existe una alegría permanente, perfecta, eterna...y no se conforma con menos. Pero además, también tenemos experiencia de la tristeza que limita esa alegría, del dolor físico y moral, del sufrimiento y la angustia, de las miserias que nos rodean en tantas situaciones que más de una vez hacen que nos preguntemos: y esto, ¿por qué?, ¿tiene sentido esta vida? ¿merece la pena vivir esta vida? ¿esto es vida?...y llegamos a ver absurdo anhelar incansablemente una alegría que no puedo alcanzar, dejo de creer en ella, empiezo a pensar que la felicidad es una utopía. El siguiente paso es una búsqueda -incluso desesperada- de experiencias que ahoguen este sin sentido de la vida, da igual lo pasajeras, superficiales o falaces que sean: lo importante es anestesiar este dolor que me produce el abismo que experimento entre la infinitud que grita mi corazón y la miseria que sufro cada día...¡es el camino del vértigo, del vacío interior, de la despersonalización, de la degradación humana, es el camino del pecado! Ayer leí el testimonio de Irene, una madre de cuatro hijos, embarazada del quinto y a la que le han diagnosticado un linfoma de Hodgkin (cáncer en el sistema linfático): la radioterapia y quimioterapia acabarían con vida del feto. ¿Por qué esta mujer es capaz de decir con alegría y convincentemente que «tener cáncer no es una injusticia, es una oportunidad» y, al mismo tiempo que le pide a Dios el milagro de su curación, se siente «una privilegiada del señor por haberme elegido para llevar adelante un embarazo y un cáncer en esta sociedad de muerte, donde la mujer es atacada por ser la fuente de la vida»? ¿Acaso el fundamento de la alegría no es que la vida vaya bien? ¿que no tenga desgracias? ¿no tener problemas y sí mucha salud, dinero y amor? La fuente de la alegría para Marcos e Irene no está en no sufrir ni en todo lo anterior; para ellos, como para el resto de los cristianos, el hombre anhela la verdadera alegría -la permanente, la que da sentido a TODA la existencia- porque ha sido creado por Dios para vivir en la comunión con Él, y este amor de Dios se nos ha manifestado en Jesucristo, el Dios que se ha hecho hombre, ha eliminado el abismo que separaba nuestra condición limitada del amor divino para el que hemos sido creados y nos ha abierto las puertas del cielo que el pecado había cerrado. ¡Esta es la Buena Noticia del Adviento! ¡Esto es el Evangelio! La verdadera alegría, la felicidad, está en creer en el amor que Dios nos ha manifestado; la fuente de la alegría está en la comunión con Dios, en vivir para Él. De Él nace la fuerza para vencer al mal que nos rodea y nos subyuga, porque su amor es más fuerte que las tribulaciones y desventuras que podamos sufrir cada día; su amor es luz que ilumina los momentos más oscuros y las pruebas más arduas de nuestra existencia, hasta el punto de poder decir en la cruz de cada día: «¡Gracias, Señor!» Si miramos la necesidad que tenemos de transformar el desierto de nuestro corazón en vergel, y miramos a Cristo, que es el único que puede darnos vida y que ha venido para que la tengamos en abundancia, entenderemos que es mi salvador y que, en este mundo imperfecto, hay razón para vivir en la verdadera alegría.
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El jueves pasado estuve rezando en la capilla del hospital de Parla, y leí este versículo del libro de la Sabiduría, que reconozco me zarandeó interiormente al darme cuenta de que estaba en la ciudad madrileña donde se habían registrado más abortos durante el año 2009 y la única de la región en que crecieron sus cifras; en Parla se realizaron más abortos que en Madrid capital... Y la palabra que Dios tenía ese día para mí era esa: que Él es "amigo de la vida", que ama a todos los seres y no odia nada de lo que ha creado.
Desde la mitad del capítulo 11 hasta la mitad del 12, el autor del libro de la Sabiduría nos ofrece una bella reflexión sobre el poder y la misericordia de Dios, es más, la idea central es que la misericordia de Dios es una manifestación de su omnipotencia: "Te compadeces de todo porque todo lo puedes" (Sb 11,23).
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- Escrito por: P. Pedro, C.O.
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En la primera carta que escribe a Timoteo, San Pablo le asegura que Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (I Tim 2,4), lo cual es prueba de la universalidad de la redención de Cristo y garantía para todos de poder acercarnos a Dios con la confianza y la seguridad de experimentar su amor y su perdón. Pero, aunque Dios nos tiende su mano ofreciéndonos una vida fundamentada en la Verdad, me parece que no nos atrevemos a coger su mano...¿por qué? Las respuestas son múltiples.
Cuando leo en el libro de la Sabiduría que Dios "cierra los ojos a los pecados de los hombres para llevarlos al arrepentimiento" (Sb 11,23), como que es capaz de olvidar mis pecados mostrándome que me ama por encima de ellos que es capaz de perdonar cualquier cosa, siempre que yo me arrepienta y le pida perdón, entiendo lo valioso que soy para Él y lo grande que es el plan que tiene para mí. Sólo cuando tomo conciencia de cuánto se me ha perdonado soy consciente de cuánto he sido amado, de cuál es la grandeza de mi valor.
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Si por algo se caracterizó a J. H. Newman fue por su deseo firme y constante por vivir en la verdad; la buscó con todo su corazón, la encontró, supo transmitírnosla y ahora goza de ella eternamente. La verdad nos interroga constantemente sobre nuestra vida, si vivimos conforme a ella o no, por lo que nos empuja sutilmente a una conversión, a una reforma interior continua; y eso fue lo que experimentó Newman desde que vivió su primera conversión a los quince años: un proceso continuo de conversión, en el que se vieron involucrados otros muchos.
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Hace unas semanas, asistíamos con gozo a la beatificación del Cardenal John Henry Newman, uno de los hombres más influyentes del pensamiento cristiano del siglo XIX. El acontecimiento ha estado envuelto por la visita de estado del Papa Benedicto XVI y de múltiples opiniones acerca de la trascendencia ecuménica que tendrá en un futuro próximo el evento, dado el particular camino espiritual recorrido por el nuevo beato pasando de la Iglesia Anglicana a la Católica.
Sin embargo, considero que se ha insistido mucho en el hecho de su conversión al catolicismo y realmente poco sobre el lugar particular que encontró en la Iglesia Católica para vivir su fe: me refiero a su vocación como miembro del Oratorio de San Felipe Neri.