Más de uno nos hemos preguntado alguna vez si el Oratorio es nuestro sitio, si es el lugar que Dios ha destinado para mí como vocación particular, como camino de felicidad, especialmente cuando parece que no acabamos de encontrar el sitio, estamos a disgusto (o no estamos demasiado a gusto) o nos sentimos –como suele decirse- como un pulpo en un garaje. Es una pregunta que incomoda, que preocupa y que nos exige una respuesta lo más inmediata posible…porque, ciertamente, se pasa mal.