«A vosotros…; a los que están fuera…»
- Detalles
- Escrito por: P. Enrique Santayana C.O.
- Categoría: cuaderno de notas
«A vosotros…; a los que están fuera…»
Me perece a mí que lo fundamental del evangelio de hoy es llegar a saber si uno está entre aquellos con los que Jesús habla cuando está ya a solas, cuando entra en casa, o si forma parte de «los de fuera». Es necesario entrar dentro («Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu padre, que ve en lo secreto, te recompensará» Mt 6,6). Y este «dentro» indica el lugar creado por Dios para hablar con el hombre, esto es, el corazón. Es necesario volver allí dentro y permanecer allí. «Redire ad cor» (S. Agustín). Es necesario luchar por preservar la intimidad de este lugar fuera de las miradas curiosas y de nuestra tendencia a ofrecernos a la consideración y a la admiración de los demás, que termina por destruir este lugar y dejarlo como un mercado donde todos manosean la mercancía para luego dejarla abandonada.
En realidad, por mucho que nos empeñemos, solo Uno conoce el valor de nuestra alma. Solo Uno ha pagado por ella el precio que la redime de su soledad.
¿Estamos dentro, esperando oír, o estamos fuera parloteando y exhibiéndonos? Nos jugamos mucho en este quedarnos fuera o entrar en la modestia y en silencio del corazón para esperar y escuchar. La escucha de la fe es como una virgen consagrada que se esconde en su celda. Aunque la caridad sea luego como una madre solícita que se empeña en el trabajo. Pero el principio de la vida cristiana es la fe, una respuesta a la Palabra hecha carne, que sólo puede ser entendida por este «órgano» interior que llamamos «el corazón».
A los que entran dentro se les concede conocer los misterios del Reino, esto es la comunión entre Dios y los suyos. Los que se quedan fuera miran sin ver y oyen sin entender.
P. Enrique Santayana C.O.
28/1/2015
El libro de la Vida de Santa Teresa nº 9
- Detalles
- Escrito por: Enrique Alonso
- Categoría: Ejercicios de los Sábados
| Ejercicio de los Sábados | |
Confirmaciones 2015, en la parroquia de san Bernardo
- Detalles
- Escrito por: OSFN
- Categoría: Vídeos
Papa Francisco canoniza a José Vaz, sacerdote oratoriano y primer santo de Sri Lanka
- Detalles
- Escrito por: OSFN
- Categoría: Hijos de San Felipe
Papa Francisco canoniza al padre oratoriano José Vaz
La vida del Beato José Vaz, sacerdote del Oratorio de Goa y evangelizador de Ceilán (hoy Sri Lanka) parafraseado el título de una biografía suya, podría ser sintetizada en estos términos: “la epopeya de un hombre libre que se hace esclavo para evangelizar”.
En la homilía de la Misa de beatificación, celebrada en Colombo el 21 de enero de 1995, Juan pablo II afirmaba: Teniendo en consideración todo lo que el P. Vaz fue e hizo, de cómo lo hizo, y de las circunstancias en las que consiguió desarrollas la gran obra de salvar una Iglesia en peligro, es justo saludarlo como el más grande misionero cristiano que Asia haya tenido nunca”
Para llegar a ver es necesario educar el corazón
- Detalles
- Escrito por: P. Enrique Santayana C.O.
- Categoría: cuaderno de notas
«Era una mujer muy anciana. De jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones» (Lc 2,36-37)
Nos hacemos la ilusión de que podemos llegar, arrodillarnos unos minutos ante el Señor, leer unas pocas páginas… y ¡ya! ¡Tocar y ver el misterio desnudo de Dios!
Ana, la anciana de la que habla san Lucas, nos enseña el largo y duro camino que es necesario recorrer para poder ver. Ella estuvo ochenta y cuatro años sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Y siendo ya vieja, sus ojos cansados adquirieron el vigor suficiente para reconocer al Salvador en aquel niño que entraba en el templo en brazos de su madre.
Ana, la anciana, nos enseña que este camino no es rectilíneo, que en más ocasiones de las que esperaríamos, nos vemos abocados a cambiar de rumbo justamente para llegar donde nos propusimos; que a veces la misma vida o la providencia divina nos cambia el rumbo. «Siete años casada y luego viuda hasta los ochenta y cuatro».
Página 66 de 118