"Un amor desconocido"
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- Escrito por P. Enrique Santayana C.O.
- Categoría: Domingo IV
Un amor desconocido
Homilía del del 3 de febrero del 2019
(IV Domingo T.O. – C)
(IV Domingo T.O. – C)
«La caridad no perecerá jamás»
1 Cor 13,8
Quiero empezar comentando las palabras de san Pablo porque suscitan una gran atracción, también entre los no cristianos, pero su sentido queda muchas veces velado.
Hay que referir las palabras de san Pablo a su discurso completo. Viene hablando de los dones del Espíritu Santo con los que Dios enriquece a su Iglesia, como a un Cuerpo Único. Recordad que leíamos el domingo pasado aquella descripción de la Iglesia como un solo Cuerpo. Bien, pues después de hablar de los distintos dones (carismas = gracias) con los que Dios enriquece a su Iglesia, san Pablo viene a decir: y ahora os voy a hablar del don más excelente, la gracia más preciosa. Literalmente dice: «Aspirad a los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino más excelente». Esto es, os voy a decir cuál es la mayor gracia de debéis ambicionar y suplicar a Dios. Y entonces empieza a hablar del amor.
El amor es, a un tiempo, un carisma, un don, una gracia de Dios, y también un camino, un camino hacia Dios, la fuente y el fin de todo amor verdadero. San Pablo compara este amor con el conocimiento más profundo: «si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber»; con la fe más entregada: «si tuviera fe para mover montañas»; con la ética más heroica: «si repartiera todos mis bienes entre los necesitados o si entregara mi cuerpo a las llamas». El caso es que al comparar el amor con la fe más prodigiosa o con los gestos más heroicos, el amor sale ganando, es el único camino que llega a la meta, todo lo demás no basta: «si no tengo amor, no soy nada», «si no tengo amor, de nada me serviría». Santa Teresa de Lisieux añadirá: «Los dones más perfectos son nada sin el amor».
Ahora bien, san Pablo tenía mucho interés en que los corintios no confundiesen el amor del que él habla con cualquier amor. Por eso no usó la palabra con la que se solía hablar del amor (eros) entre los hombres de cultura griega a los que se dirige, sino que usó otra palabra (agape), una palabra que ya había sido usada en la ya entonces antigua versión griega del antiguo testamento, pero que en la época de san Pablo había caído en desuso. Usando este agape quería dar a entender que él hablaba de un amor nuevo. No era el amor conocido en toda cultura humana, que por cruel que sea, siempre conoce el amor: el de los esposos, el de los padres e hijos, el de los amigos, el de la patria, el amor lícito o el ilícito, el amor generoso o el impuro…). Él quiere hablar de un amor nuevo, un amor desconocido en el mundo, un amor que no existía en el mundo hasta que Cristo lo trajo del cielo y le dio carne.
1 Cor 13,8
Quiero empezar comentando las palabras de san Pablo porque suscitan una gran atracción, también entre los no cristianos, pero su sentido queda muchas veces velado.
Hay que referir las palabras de san Pablo a su discurso completo. Viene hablando de los dones del Espíritu Santo con los que Dios enriquece a su Iglesia, como a un Cuerpo Único. Recordad que leíamos el domingo pasado aquella descripción de la Iglesia como un solo Cuerpo. Bien, pues después de hablar de los distintos dones (carismas = gracias) con los que Dios enriquece a su Iglesia, san Pablo viene a decir: y ahora os voy a hablar del don más excelente, la gracia más preciosa. Literalmente dice: «Aspirad a los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino más excelente». Esto es, os voy a decir cuál es la mayor gracia de debéis ambicionar y suplicar a Dios. Y entonces empieza a hablar del amor.
El amor es, a un tiempo, un carisma, un don, una gracia de Dios, y también un camino, un camino hacia Dios, la fuente y el fin de todo amor verdadero. San Pablo compara este amor con el conocimiento más profundo: «si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber»; con la fe más entregada: «si tuviera fe para mover montañas»; con la ética más heroica: «si repartiera todos mis bienes entre los necesitados o si entregara mi cuerpo a las llamas». El caso es que al comparar el amor con la fe más prodigiosa o con los gestos más heroicos, el amor sale ganando, es el único camino que llega a la meta, todo lo demás no basta: «si no tengo amor, no soy nada», «si no tengo amor, de nada me serviría». Santa Teresa de Lisieux añadirá: «Los dones más perfectos son nada sin el amor».
Ahora bien, san Pablo tenía mucho interés en que los corintios no confundiesen el amor del que él habla con cualquier amor. Por eso no usó la palabra con la que se solía hablar del amor (eros) entre los hombres de cultura griega a los que se dirige, sino que usó otra palabra (agape), una palabra que ya había sido usada en la ya entonces antigua versión griega del antiguo testamento, pero que en la época de san Pablo había caído en desuso. Usando este agape quería dar a entender que él hablaba de un amor nuevo. No era el amor conocido en toda cultura humana, que por cruel que sea, siempre conoce el amor: el de los esposos, el de los padres e hijos, el de los amigos, el de la patria, el amor lícito o el ilícito, el amor generoso o el impuro…). Él quiere hablar de un amor nuevo, un amor desconocido en el mundo, un amor que no existía en el mundo hasta que Cristo lo trajo del cielo y le dio carne.
Métodos naturales de reconocimiento de la fertilidad. Por la Dra. Juncal Martínez.
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- Escrito por Dra. Juncal Martínez
- Categoría: Ejercicios de los Sábados
| Métodos naturales de reconocimiento de la fertilidad | |
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La idea de los Padres de la Iglesia sobre el Anticristo: exhortación a la esperanza y a la vigilancia cristiana
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- Escrito por Enrique Santayana CO
- Categoría: Ejercicios de los Sábados
AUDIOS:
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El contenido de la libertad
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- Escrito por P. Enrique Santayana
- Categoría: Domingo XXXI
EL CONTENIDO DE LA LIBERTAD
XXXI Domingo T.O. – B (4 - XI - 2018)
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Hay preguntas que tienen un valor incalculable. Un escriba, un entendido en la Escritura, se acerca a Jesús a preguntarle por el mandamiento principal de la ley: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Jesús va a responder directamente: «El primero es…». Y enseguida añadirá: «El segundo es…».
Iremos luego al contenido, pero pensemos qué significa la pregunta del escriba. En el libro del Éxodo, Dios da los mandamientos en el marco de la Alianza. Primero, Dios ha sacado a Israel de la esclavitud de Egipto, le ha hecho cruzar el Mar Rojo, lo ha llevado por el desierto, lo ha alimentado con el maná, le ha proporcionado agua, una nube que lo protegía del sol por la mañana y que por la noche les daba luz… ¡Esto es lo primero: la acción de Dios! Acción con la que salva a su pueblo y lo cuida, acción que nace de su amor, amor gratuito, no motivado por un mérito especial de Israel. Luego, en medio de la marcha por el desierto, Dios llama a su pueblo en el Sinaí a hacer Alianza, a hacer un pacto. Que consiste básicamente en un pacto de amor: tú serás mi pueblo y yo seré tu Dios. Estas palabras —tomadas casi literalmente— son un calco de una alianza matrimonial. Parece que Dios quiere expresar un amor definitivo, exclusivo e incondicional hacia Israel y parece que demanda a Israel un amor similar.
Tenemos, por tanto, en primer lugar, la acción salvífica y amorosa de Dios; en segundo lugar, una alianza amorosa. En este contexto de la Alianza Dios da a Israel los Mandamientos: los mandamientos responden a la lógica del amor. No son la imposición de un Dios poderoso que oprime con una ley caprichosa, bajo la amenaza del castigo; lejos de eso, responden a la lógica del amor: Dios ama al hombre y quiere elevar al hombre hasta el amor con él. El amor de Dios solo puede llegar a cumplimiento si el hombre acoge este amor y responde a él; de no ser así, el amor queda frustrado. Así llegamos al primero de los mandamientos: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo su ser; que se desglosa en los tres primeros mandamientos del Decálogo.
Vida de la Sierva de Dios Eva Lavalier
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- Escrito por Padre Julio CO
- Categoría: Ejercicios de los Sábados
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