Santa María de la Cruz. Aparición de la Virgen en Cubas de la Sagra (Madrid)
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- Escrito por Padre Enrique Alonso, CO
- Categoría: Ejercicios de los Sábados
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VIDA VERDADERA
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- Escrito por P. Enrique Santayana C.O.
- Categoría: Domingo IV
IV DOMINGO CUARESMA C
31/ III /2019
«Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde»
[Tomo y rehago libremente una homilía de Benedicto XVI (Roma, 18 de marzo de 2007), ¡Es que vivimos en la misma Casa!]
Queridos hermanos:
En la celebración eucarística es Cristo mismo quien se hace presente en medio de nosotros; viene a iluminarnos con su enseñanza, en la liturgia de la Palabra, y a alimentarnos con su Cuerpo y su Sangre, en la liturgia eucarística. De este modo, primero, nos enseña a amar, luego, nos capacita para amar, para vivir una vida que sea verdadera vida. ¿De qué amor nos hace capaces? ¿qué vida nos enseña? Volvamos al evangelio de hoy para aprenderlo allí.
En este evangelio aparecen tres personas: el padre y sus dos hijos. Tras la imagen del padre, está Dios, que es Padre y que genera una vida de comunión, la vida que se da en su casa. Luego están los hijos, tras ellos aparecen ideas bien distintas de lo que es la vida. Los dos hijos viven en paz, son agricultores ricos, tienen con qué vivir, su vida parece buena. Pero hay otra imagen que hay que considerar: la casa, que es la imagen de la vida común, de obligaciones de unos con otros; es la casa de Dios, donde rigen sus Mandamientos.
Vamos a lo que ocurre en la parábola. El hijo más joven siente poco a poco que esta vida es aburrida, que no le satisface. Piensa que no puede vivir así toda la vida: levantarse cada día temprano; después, según las tradiciones de Israel, una oración, una lectura de la Escritura; luego, el trabajo y, al final, otra vez una oración. Así, día tras día. Piensa: no, la vida debe ser algo más, debo encontrar otra vida, en la que sea realmente libre, en la que pueda hacer todo lo que me agrada; libre de esta disciplina y órdenes de mi Padre, libre de los mandamientos de Dios; quisiera estar solo, ser independiente y que mi vida sea totalmente mía, con todos sus placeres.
Así, decide tomar su patrimonio y marcharse. El padre respeta la libertad de su hijo y el joven se va a un país muy lejano. Probablemente lejano desde un punto de vista geográfico, pero también desde un punto de vista interior, porque quiere una vida totalmente diversa. Su idea de vida verdadera es hacer lo que le agrade, no reconocer las normas de Dios, no estar bajo la disciplina de la casa, vivir la vida con todo el brillo y el placer que le ofrece.
En un primer momento —quizá durante algunos meses— todo va bien: cree que es estupendo haber alcanzado finalmente ¡LA VIDA!, se siente feliz. Pero después, poco a poco, también aquí empieza el aburrimiento, también aquí es siempre lo mismo. Sigue un vacío cada vez más inquietante; percibe cada vez con mayor intensidad que esa vida no es la vida; más aún, se da cuenta de que, continuando de esa forma, la vida se aleja cada vez más. Al final, también el dinero se acaba y el joven se da cuenta de que la vida que ha conseguido es peor que la vida de los cerdos que cuida. El brillo que la vida autónoma le prometía ha desaparecido y ahora experimenta el vacío que escondía.
La cruz de Cristo, medida del mundo
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- Escrito por Padre Enrique Santayana CO
- Categoría: Ejercicios de los Sábados
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La cruz en el corazón de la Trinidad
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- Escrito por P. Enrique Santayana C.O.
- Categoría: Domingo II
17 de marzo 2019
«Moisés y Elías … hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén»
Así describe san Lucas la transfiguración de Jesús: «Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor».
Ante todo hay que tener en cuenta que este fenómeno acontece en la oración. Lo que aquí vemos es la oración entre el Hijo hecho hombre, Jesús, el Padre, que deja oír su voz, y el Espíritu Santo, que se expresa en esta luz que irradia el mismo Cristo y en la nube que envuelve el diálogo entre el Padre y el Hijo. Diálogo trinitario, oración trinitaria.
En la intimidad de la relación entre el Padre y el Hijo, la humanidad del Hijo manifiesta la gloria de la Trinidad. El Hijo deja ver su gloria, y su gloria es aquel Espíritu con que el Padre le unge, le ama, desde toda la eternidad y que ahora envuelve también la humanidad, que es humanidad del Hijo, humanidad divina. La gloria del Hijo es la vida de comunión con el Padre, es el vínculo del amor del Espíritu, el Espíritu del Padre y del Hijo. En la oración, la gloria.
Ahora bien, ¿qué encontramos en el centro de esta oración de Jesús? El diálogo sobre la cruz, que Jesús percibe como el designio eterno de Dios, manifestado en la Escritura, en la Ley y los Profetas: «Moisés y Elías … hablaban de su éxodo» —esto es, de su salida de este mundo, de su muerte— «que él iba a consumar en Jerusalén». Moisés y Elías, las Escrituras, son testigos del designio eterno de Dios, de lo que Dios había determinado para la salvación del hombre, de la cruz. Y este contenido es el centro del diálogo, de la oración de Jesús, de esa oración en la que se manifiesta en la luz de la transfiguración. En la oración, la gloria, en el centro de la oración, la cruz que tenía que afrontar.
Ante todo hay que tener en cuenta que este fenómeno acontece en la oración. Lo que aquí vemos es la oración entre el Hijo hecho hombre, Jesús, el Padre, que deja oír su voz, y el Espíritu Santo, que se expresa en esta luz que irradia el mismo Cristo y en la nube que envuelve el diálogo entre el Padre y el Hijo. Diálogo trinitario, oración trinitaria.
En la intimidad de la relación entre el Padre y el Hijo, la humanidad del Hijo manifiesta la gloria de la Trinidad. El Hijo deja ver su gloria, y su gloria es aquel Espíritu con que el Padre le unge, le ama, desde toda la eternidad y que ahora envuelve también la humanidad, que es humanidad del Hijo, humanidad divina. La gloria del Hijo es la vida de comunión con el Padre, es el vínculo del amor del Espíritu, el Espíritu del Padre y del Hijo. En la oración, la gloria.
Ahora bien, ¿qué encontramos en el centro de esta oración de Jesús? El diálogo sobre la cruz, que Jesús percibe como el designio eterno de Dios, manifestado en la Escritura, en la Ley y los Profetas: «Moisés y Elías … hablaban de su éxodo» —esto es, de su salida de este mundo, de su muerte— «que él iba a consumar en Jerusalén». Moisés y Elías, las Escrituras, son testigos del designio eterno de Dios, de lo que Dios había determinado para la salvación del hombre, de la cruz. Y este contenido es el centro del diálogo, de la oración de Jesús, de esa oración en la que se manifiesta en la luz de la transfiguración. En la oración, la gloria, en el centro de la oración, la cruz que tenía que afrontar.
OPCIÓN DOMINICANA
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- Escrito por P. Enrique Santayana C.O.
- Categoría: cuaderno de notas
Con la publicación en España de la La opción benedictina, de ROD DREHER se ha iniciado un interesante debate sobre las perspectivas de la Iglesia actual. A continuación ofrecemos en formato pdf dos textos breves de C.C. PECKNOLD, profesor de teología y pensamiento social y político de The Catholic University of America in Washington, que pueden ayudar a enriquecer dicho diálogo.
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Opción dominicana, de C.C. Pecknold