UN SOLO SEÑOR DEL MUNDO Y DE LA HISTORIA, CREADOR Y REDENTOR
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- Escrito por: P. Enrique Santayana
- Categoría: Domingo XXIX
XXIX Dom. TO A – 18, X, 2020
¿De quién es esta imagen?
Con Isaías Dios se dirige a Ciro para decirle a este pagano: «Yo te he tomado de la mano… te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque no me conocías». Y antes ha llamado a Ciro «Ungido» de Dios. Como David, ¡como el mismo Hijo de Dios! La unción era un rito de consagración y Dios consagró al pagano para llevar a cabo su plan. En realidad no hubo tal rito, como cuando David fue ungido, o como cuando fue ungido el mismo Jesús en el Jordán. Pero Ciro es ungido porque no hay poder ni sabiduría que esté por encima de Dios, y es él quien conduce el universo entero y la historia por caminos desconocidos.
¡Eso nos da esperanza! Se nos escapa lo que pasará en el futuro, pero no a Dios. No sabremos el significado y el sentido de ciertas cosas, pero Dios lo sabe. Dios sabe y Dios reina. Así, no esperamos simplemente que todo pase y llegue el cielo. El cielo no será un olvidar la creación y la historia. El cielo no dejará atrás el amor, sino que lo purificará y lo llevará a plenitud; no dejará atrás los sufrimientos, sino que les hará justicia; ni olvidará los sacrificios sino que les dará recompensa; ni disolverá los lazos del amor que creamos en este mundo con los amigos, el esposo o la esposa, etc… No dejará atrás el amor con el que amamos o con el que fuimos amados. No dejará atrás el amor de Cristo por la samaritana, o los cuidados de María por su hijo niño, o el santo temor de San José al conocer que María estaba encinta. No se dejará de hacer justicia al dolor con el que María recogía en su alma cada gota de la sangre de su Hijo que caía por tierra; ni a la fe y la humildad de la cananea que se acercaba al Señor del mudo para recoger las migajas de la gracia traída al Pueblo de la Elección. No dejará atrás el amor de los santos, ni el amor de hombre alguno. Porque el Creador es el mismo que el Redentor y es el mismo que es Señor del Universo y de la Historia, el mismo que nos dará el Cielo.
Sin creerlo, sino solo para captar su benevolencia, le dicen: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias». Y tras la adulación, la trampa: «¿Es lícito pagar impuesto al César o no?». ¿En qué consistía la trampa? Pagar impuesto al César era reconocer la autoridad de César sobre Israel, autoridad que un judío amante de las tradiciones sagradas solo podía conceder a Dios y al rey ungido por Dios. No pagar el impuesto significaba enfrentarse a Roma, que no era poca cosa. Si Jesús decía «pagad», los fariseos podían acusarlo de idolatría, de reconocer un «señor» fuera del Dios de Israel. Si decía «no paguéis», los herodianos podían acusarlo de encabezar un levantamiento contra Roma.
Jesús responde a fariseos y herodianos, primero, dando muestras de que realmente era sincero, de que no le importa la apariencia, de que conoce el interior y de que no depende de nadie: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?», ¿por qué me tendéis una trampa? En segundo lugar, Jesús encara la respuesta demandada: «El tributo al César se debe pagar porque, la imagen de la moneda es suya; pero el hombre, todo hombre, lleva en sí mismo otra imagen, la de Dios, y por tanto, a él y solo a él, cada uno debe su existencia» (Benedicto XVI). Muchos Padres de la Iglesia toman el camino de esta interpretación, desde el s. II, y también san Agustín.
Esto tiene un significado político básico: que la Iglesia reconoce la autonomía del poder político respecto al religioso. Hay una distinción entre el ámbito político y el religioso. Y tiene otro significado religioso, también básico: si el hombre es la moneda de Dios, donde Dios ha acuñado su imagen, el hombre le debe a Dios el amor, la adoración, que es lo que implica esta imagen, la imagen del Hijo que ama y obedece a su Padre, porque la imagen de Dios en nosotros es la Imagen de su Hijo, que ama y obedece a su Padre.
Ahora, importante: el primer acto con el que nosotros decimos nuestro «no» a la idolatría del poder mundano, el primer acto con el que les que mostramos su límite, es el empeño que ponemos en pagar a nuestro verdadero Señor, entregándonos del todo a él, con todo lo que somos y tenemos, obedeciendo en lo pequeño y en lo grande sus mandatos y adorándolo con nuestras vidas. La primera forma de poner límite al poder político por parte de los cristianos no es hacer política —aunque haya cristianos que deban hacer política, y gobernar y reinar—, la primera forma de poner límite al poder político es ser religioso, cumplir concienzudamente nuestros deberes: rezar a nuestras horas, ejercitar la caridad, celebrar con piedad los sacramentos, ayudar a la Iglesia en sus necesidades, socorrer a los pobres…. Luego, si el poder nos exige obrar contra la voluntad de Dios, antes que satisfacer a los poderosos preferiremos ser señalados como hombres de otra época, soportar una pobreza impuesta injustamente o la cárcel, o afrontar la misma muerte.
Alabado sea Jesucristo
Siempre sea alabado
El banquete de bodas. Llamada y elección
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- Escrito por: P. Enrique Santayana
- Categoría: Domingo XXVIII
XXVIII Dom. TO A – 11, X, 2020
Homilía para los de casa
Alabado sea Jesucristo.
Siempre sea alabado
Oratorio de san Felipe Neri
Domingo 11 de octubre de 2020
ORIGEN, VERDAD PRESENTE Y JUICIO
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- Escrito por: P. Enrique Santayana
- Categoría: Domingo XXVII
XXVII Dom. TO A – 4, X, 2020
Homilía para los de casa
«La piedra que desecharon los arquitectos se ha convertido en piedra angular»
Todo confluye en él, no ya el hijo de un propietario ficticio, sino el Hijo de Dios, presente ante ellos. La narración de la parábola dirige la atención sobre el Hijo y la decisión que madura en el corazón de los interlocutores: «Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia». El amor de Dios llega a su plenitud en la entrega de su Hijo y el desprecio de Israel llega a la aniquilación de todo amor, a la muerte de Dios. La gran diferencia de la parábola de Jesús con el canto de Isaías es que aquí el drama se va a realizar muy pronto en la carne de Cristo, el amor de Dios llega a un extremo y a un «realismo inaudito»[1]. En la humanidad de su Hijo, en la cruz, el amor llega hasta el final, pero también llega hasta el final el desprecio de quien es amado. Y ese realismo de su entrega y del juicio que provoca se prolonga ahora para nosotros en el sacrificio de la Eucaristía, que es el mismo y único sacrificio de la cruz.
Enrique Santayana C.O.
para los de casa
Oratorio de San Felipe Neri, Alcalá de Henares.
[1] Cf. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, 12
LA LUCHA POR SER HIJOS
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- Escrito por: P. Enrique Santayana
- Categoría: Domingo XXI
XXVI Dom. TO A – 27, IX, 2020
Homilía para los de casa
Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús
Alabado sea Jesucristo
Siempre sea alabado
Oratorio de san Felipe Neri
28 de septiembre de 2020
Volver el corazón a Dios
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- Escrito por: P. Enrique Santayana
- Categoría: Domingo XXV
Un propietario contrata a unos jornaleros por un denario. Lo hace al alba, para toda la jornada. Es una escena común en cualquier pueblo de Galilea. También era común que, conforme a la ley del Antiguo Testamento, se pagase lo acordado al finalizar la jornada de trabajo en el campo, a la puesta del sol. Este es el punto de arranque de la parábola. A partir de esta escena perfectamente comprensible para todos, empieza Jesús a llevar el corazón hacia lo que para ninguno de nosotros es evidente sino solo por la fe: «Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes».
Vayamos a la queja de los que han trabajado todo el día. Parece que, si han trabajado más, mucho más que los de la media mañana, los del mediodía, los de media tarde y los del atardecer, deben recibir más. Esta es nuestra lógica, pero es una lógica que nace de nuestro corazón pequeño. Nuestra mirada no consigue comprender lo bueno que es Dios y lo bueno y grande de su paga, y así nuestro corazón es mezquino y envidioso. «¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?». Como un hombre que cree que sus riquezas pueden acabarse y que la vida se le escapa, como quien espera una paga pequeña, nuestro corazón está como encogido. ¡Como si este denario, la paga de Dios, fuese poca cosa!
Alabado sea Jesucristo
Siempre sea alabado
20 de septiembre de 2020
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